En un movimiento comercial que ha desatado grandes preocupaciones a nivel global, el presidente Donald Trump ha impuesto tarifas arancelarias que afectan a aproximadamente cincuenta países, con consecuencias particularmente severas para aquellos en América Latina y Asia. Los gravámenes varían desde un 10% para la mayoría de los países latinoamericanos hasta un impactante 49% en el caso de Camboya. Esta nueva política se ha calificado como un intento de equilibrar el déficit comercial de Estados Unidos, aunque los métodos utilizados para calcular estas tarifas han sido objeto de debate. Los funcionarios estadounidenses argumentan que no solo se han considerado aranceles, sino también barreras no arancelarias, incluyendo regulaciones administrativas y técnicas que complican aún más el comercio.
La respuesta internacional no se ha hecho esperar. China, uno de los principales países afectados, ha rechazado de plano las nuevas tarifas y ha prometido defender sus intereses, al tiempo que países como Rusia observan con satisfacción el descontento creciente en la Unión Europea. Esta situación también ha resucitado la discusión sobre el impacto del Brexit en el Reino Unido, donde los aranceles son significativamente más bajos en comparación con el resto de Europa. Este entorno caótico refleja una creciente fragmentación en las relaciones comerciales globales, con un alza en la tensión que podría tener repercusiones profundas y duraderas en el comercio internacional.
Leer noticia completa en La Tribuna de Albacete.