En la plaza de Casas Ibáñez, con una asistencia notablemente superior a la habitual, se lidiaron seis toros de Victorino Martín, caracterizados por su buena presentación y diversidad en el juego, desde ejemplares difíciles hasta otros más manejables. Rubén Pinar abrió el festejo enfrentando un toro complicado, difícil en la suerte de varas, y con una faena que exigió su profesionalismo y oficio. Los asistentes, formados en su mayoría por entendidos aficionados, supieron valorar la complejidad de su tarea, por lo que Pinar cortó una merecida oreja tras una faena esforzada. En su segundo toro, destacó la compostura y firmeza, logrando una actuación impecable por el pitón derecho que culminó con dos orejas tras una estocada eficaz.
Por su parte, Peñaranda debutó con el encaste albaserrada con arrojo y temple, consiguiendo una oreja en su primer enfrentamiento gracias a su habilidad para templar un toro incierto y luego, en una lucha ardua con su segundo, cortó dos orejas tras una estocada certera. Samuel Navalón brilló especialmente en una actuación que cautivó al público, al mostrar un toreo templado y ligado, recibiendo dos orejas y rabo, y la vuelta al ruedo al toro. En el último toro, a pesar de las dificultades, Navalón logró una faena emotiva que le valió una oreja más. Fue una jornada taurina marcada por la emoción y la valentía de los toreros, que supieron enfrentar la complejidad de los toros de Victorino Martín con notable destreza.
Leer noticia completa en La Tribuna de Albacete.