El rostro de Puya refleja tanto su herencia iraní como su determinación por distanciarse de un régimen del que prefiere no mencionar su nombre completo. Nacido en el norte de Teherán en diciembre de 1983, dejó su hogar a los 22 años en busca de libertad en Europa. Ahora, tras haber encontrado seguridad y una nueva vida junto a su esposa navarra durante sus veranos en España, mantiene viva la memoria de su familia, que aún reside en Irán bajo el régimen de los ayatolás. Su infancia estuvo marcada por una constante sensación de inestabilidad política, consecuencia directa de la Revolución Islámica y la posterior guerra con Irak. Puya recuerda con nostalgia las historias de sus padres sobre un Irán próspero, donde había educación gratuita y apertura cultural.
A pesar de la distancia, Puya sigue profundamente conectado con la lucha del pueblo iraní. La reciente intervención militar de Estados Unidos e Israel ha despertado en él una mezcla de esperanza y dolor. Critica abiertamente al régimen actual, al que describe como un culto opresor apoyado por intereses extranjeros. La represión de derechos humanos y el trato desigual a las mujeres son, para él, evidencias de un país atrapado en una dictadura oscura desde 1979. Puya sueña con un Irán libre, guiado por líderes que respeten sus raíces culturales y liberados del dominio religioso, mostrando una esperanza incansable por recuperar la grandeza perdida de Persia sin la carga de tiranos o dogmas religiosos.
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