El río Guadalquivir ha emergido como un importante corredor para el tráfico de drogas, especialmente hachís y cocaína, lo que ha transformado sus aguas en un escenario propenso para el narcotráfico. La reciente colisión de dos narcolanchas en Lebrija, que dejó a un narco gravemente herido, expone la actividad frenética de estas embarcaciones desde la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda hasta casi Sevilla. En los últimos 15 meses, tres narcos han perdido la vida en este tramo, a menudo durante persecuciones con la Guardia Civil, que ha intensificado sus esfuerzos tras el aumento de la criminalidad en la zona. La ola de violencia ligada a estos enfrentamientos ha llevado a un clima de temor entre los vecinos, quienes son testigos del tráfico constante de narcolanchas, que ha llegado a normalizarse en su día a día.
La diversificación del narcotráfico hacia la cocaína ha incrementado la preocupación, pues las mafias que la manejan son más violentas y operan con un arsenal más sofisticado. Recientemente, las autoridades descubrieron un alijo de siete toneladas en Coria del Río, resguardado por individuos armados. Ante este panorama, el alcalde de Coria ha solicitado medidas de control más efectivas en el estuario del Guadalquivir, sugiriendo la instalación de barreras para detener el acceso de estas embarcaciones al interior del río. La utilización de fusiles de asalto por parte de las redes criminales y el aumento de la violencia han llevado a la Guardia Civil a reforzar su armamento en la lucha contra el narcotráfico, evidenciando que la situación en la zona ha alcanzado niveles alarmantes.
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