El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó este martes su estrategia comercial al anunciar la implementación de un arancel global del 10% sobre todas las importaciones, con incrementos más pronunciados del 34% para productos chinos y del 20% para aquellos provenientes de la Unión Europea. Este movimiento se justifica como una medida de represalia por las restricciones que otros países imponen a las exportaciones estadounidense. Trump lo catalogó como «un día muy importante» en la historia económica del país, al considerarlo un acto de independencia económica. A pesar de estas medidas, el mandatario destacó que México y Canadá no verán aumentados sus aranceles, ya que se ha decidido posponer nuevamente su aplicación para productos bajo el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Entre los mayores afectados por la nueva política tarifaria se encuentran países de Asia y Europa, con aranceles del 54% para China, del 24% para Japón y del 20% extra para la UE. La administración Trump argumenta que los aranceles buscan incentivar la producción nacional y crear empleos en Estados Unidos, una idea que ha suscitado críticas por su posible impacto en los precios para los consumidores. La medida ha sido impulsada bajo la declaración de «emergencia nacional» por el presidente, quien sostiene que la situación comercial actual representa un riesgo para la seguridad del país. A medida que la Casa Blanca busca fortalecer la industria estadounidense, los efectos en las economías de naciones más vulnerables y las advertencias de economistas sobre un potencial aumento de precios se mantienen como puntos de debate en el contexto de esta guerra comercial.
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