La madrugada del 3 de enero, un evento histórico sacudió a Venezuela cuando misiles atravesaron el cielo, y helicópteros estadounidenses ejecutaron una ofensiva militar en Caracas y otras regiones. Esta intervención culminó con la captura de Nicolás Maduro, el exlíder chavista, tras un asalto al cuartel donde se ocultaba. La operación dejó un saldo trágico de 24 oficiales venezolanos y 32 policías cubanos muertos. Este ataque representa el resurgimiento del intervencionismo militar de Estados Unidos en América Latina, una estrategia familiar en el continente, donde numerosas naciones han sido testigos de las ambiciones de Washington en el pasado siglo.
A lo largo de 75 años, la Casa Blanca ha intervenido militarmente en seis ocasiones en Latinoamérica, con especial atención a las naciones caribeñas. Recordamos episodios como la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba, la intervención en República Dominicana para evitar un gobierno comunista y derrocamientos en regiones como Granada y Panamá. En cada caso, Estados Unidos justificó sus acciones bajo la necesidad de restaurar la democracia o frenar la influencia comunista, aunque a menudo estas intervenciones dejaron marcados conflictos locales profundos y enrarecieron las relaciones diplomáticas.
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