En un ataque sorpresivo, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, confirmó el asesinato del ministro de Inteligencia iraní, Esmaeil Jatib, durante un reciente bombardeo en Teherán. Este ataque, parte de una ofensiva conjunta con Estados Unidos, también resultó en la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, y el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani. Katz subrayó que Jatib era responsable de un «sistema asesino» y enfatizó que Israel no otorgará inmunidad a ningún alto cargo iraní, indicando una escalada de ataques contra el país persa. Las autoridades iraníes han prometido represalias tras confirmar las muertes.
La ofensiva ha dejado un saldo dramático, con más de 1.200 muertos confirmados por Irán y cifras superiores a las 3.000 víctimas mortales, en su mayoría civiles, según un informe de la ONG Human Rights Activists in Iran. En el Líbano, las consecuencias también son severas, con más de 900 fallecidos y más de un millón de desplazados. Las críticas a las acciones israelíes han resonado en la comunidad internacional, incluyendo a Naciones Unidas, por las órdenes de evacuación y el impacto humanitario de los ataques. Katz prometió “sorpresas significativas” en otros frentes, mientras la región se enfrenta a un clima de creciente tensión y dolor.
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