En un movimiento sorpresivo que sacudió la política internacional, Donald Trump anunció el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela y la asunción de Washington al control provisional del país hasta que se asegure una transición política estable. La decisión ha suscitado numerosas preguntas sobre el futuro del país latinoamericano. Un testimonio de José Luis Fernández, un albacetense que vivió bajo el régimen de Maduro, refleja la complejidad de la situación. Fernández describe su reacción como una «alegría a medias», argumentando que no solo se trata de la captura de Maduro, sino de todos sus colaboradores. Subraya que la situación es comparable a un partido de fútbol en el que solo se detiene a un jugador, dejando al resto en el campo.
Desde su perspectiva, los ciudadanos venezolanos enfrentan un estado de incertidumbre. Aunque hay alegría en el aire, la preocupación persiste debido a un estado de emergencia donde muchos exconvictos siguen libres y armados. Para Fernández y muchos otros, la libertad en Venezuela aún está incompleta. La caída de Maduro es solo el comienzo de un complejo proceso de reforma y reconciliación, en el cual es fundamental desmantelar todo el apoyo a su régimen para lograr una paz duradera. A medida que Venezuela se encuentra en esta encrucijada histórica, la comunidad internacional observa con expectativa y cautela.
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