Los españoles se encuentran en una situación económica paradójica. Mientras los depósitos bancarios de las familias han alcanzado cifras récord, superando los 1,43 billones de euros, el uso del crédito también se ha disparado a niveles no vistos desde antes de la crisis de 2008, alcanzando los 723.600 millones de euros. Este aumento en los ahorros se atribuye a la precaución financiera tras años de inflación y subidas de tipos de interés. El mercado laboral estable les ha permitido a algunos hogares reforzar su colchón financiero, optando por mantener liquidez en medio de una economía incierta. Sin embargo, este comportamiento convive con un crecimiento significativo del crédito, un fenómeno que refleja la presión que muchos hogares aún enfrentan.
En este contexto, las hipotecas y el crédito al consumo presentan dinámicas distintas. Las deudas hipotecarias han aumentado un 3,4% interanual, indicando una lenta pero constante reactivación del mercado inmobiliario. En contraste, el crédito al consumo se ha disparado un 12,6%, mostrando una creciente dependencia de los préstamos para mantener el nivel de vida ante los elevados costes de la vivienda, energía y alimentación. La realidad económica es heterogénea: mientras que el ahorro se concentra en hogares de mayor capacidad económica que han resistido mejor la inflación, el incremento del crédito se observa entre los segmentos más vulnerables. Los analistas se preguntan cuánto podrá sostenerse este equilibrio y si una posible desaceleración económica intensificará los riesgos de morosidad en un futuro cercano.
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