La búsqueda de vida en Marte ha cobrado un nuevo impulso, con Europa tomando la delantera en la exploración del planeta rojo a través de la misión Rosalind Franklin. Esta iniciativa de la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene como objetivo perforar hasta dos metros en el subsuelo marciano para obtener muestras que han estado protegidas de la radiación exterior durante millones de años, aumentando las posibilidades de encontrar evidencias biológicas. La misión, que incluye un sofisticado laboratorio portátil, está prevista para lanzarse en 2028, con el objetivo de llegar a Marte en 2030. Este esfuerzo surge tras los retrasos en el proyecto anterior, ExoMars, que se vio afectado por la invasión rusa de Ucrania, lo que llevó a la ESA a buscar un camino independiente para su programa de exploración.
El rover Rosalind Franklin, nombrado en honor a la química británica cuyo trabajo fue fundamental para entender la estructura del ADN, es considerado una herramienta única en la búsqueda de vida. Gracias a su innovador taladro y a la técnica Raman, que permite analizar la composición de los materiales en el lugar, los científicos esperan obtener muestras que revelen la historia geológica de Marte y, potencialmente, indicios de vida pasada o presente. La zona seleccionada para el aterrizaje tiene un historial que sugiere la existencia de agua hace unos 2.000 millones de años, lo que intensifica el interés por encontrar pruebas concretas de vida en un planeta que ha intrigado a la comunidad científica durante décadas.
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