Una oleada de amenazas de bomba, que resultaron ser falsas, perturbó el funcionamiento de más de quince vuelos y varios aeropuertos en Europa el jueves, intensificando las preocupaciones de seguridad en el continente. Los países afectados incluyen Francia, Italia, Bélgica, Bulgaria, República Checa, Austria, Polonia, Dinamarca y Grecia, donde se dispararon las alarmas y se pusieron en marcha protocolos de emergencia. Un vuelo de Ryanair entre Dublín y Roma fue desviado a la base aérea de Évreux en Francia, después de recibir una amenaza mientras volaba en el espacio aéreo francés. El avión aterrizó sin incidencias con sus 151 pasajeros a bordo, pero agentes especializados inspeccionaron la aeronave en busca de explosivos. Asimismo, varios vuelos de Ryanair con destino a Bulgaria fueron escoltados por aviones militares tras recibir advertencias similares, aunque ninguno resultó tener artefactos explosivos.
El fenómeno de las falsas alarmas no se restringió a un área, extendiéndose de Francia a Italia, y desde Austria hasta Bulgaria, afectando otras líneas como Finnair y Wizz Air, que también operaron vuelos bajo amenaza. Por ejemplo, un vuelo de Finnair entre Helsinki y Roma aterrizó escoltado por cazas sin encontrar ninguna bomba, y un avión de Wizz Air que iba de Milán a Bucarest realizó un aterrizaje precautorio similar. Las autoridades de cada país activaron sus protocolos de seguridad, imponiendo cierres temporales en pistas de los aeropuertos de Varsovia y Copenhague. En todos los casos, tras meticulosas inspecciones llevadas a cabo por equipos de desactivación de explosivos, las amenazas fueron declaradas infundadas. Sin embargo, el eco de estos incidentes ha generado un debate sobre la seguridad aérea y el costo de las interrupciones para la industria y los pasajeros.
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