El Banco de España ha ajustado al alza su previsión de crecimiento económico para 2026, situándola en un 2,3 %. Este leve incremento refleja una aceleración de la economía en el cuarto trimestre, aunque contrasta con el impacto negativo generado por la crisis en Irán y el plan de contingencia del Gobierno español para mitigar sus efectos. Sin el conflicto, el crecimiento podría haber alcanzado un 2,4 %, mientras que, sin el plan gubernamental, podría haberse reducido al 2 %. A pesar de estas fluctuaciones, la demanda interna, compuesta por el consumo y la inversión, sigue siendo el motor principal de la economía, aunque la demanda externa resta algunos puntos al crecimiento. En cuanto al empleo, se espera un aumento moderado del 2,2 % para 2026, mientras que la productividad laboral y la mejora en la tasa de paro muestran señales de desaceleración.
La inflación, por su parte, ha sido revisada al alza, alcanzando el 3 % en 2026, impulsada por el aumento inesperado del IPC y el encarecimiento de las materias primas debido al conflicto en Oriente Medio. Esta tendencia inflacionista se verá también alimentada por el incremento en los precios de los alimentos y los costes de producción, superando los efectos mitigantes de la rebaja fiscal en materia energética. Para el 2027, se prevé una ralentización económica con un crecimiento del 1,7 %, acompañada de una inflación alta por la persistente volatilidad en los precios energéticos. El informe del Banco de España contempla, además, escenarios alternativos que proyectan variaciones en el crecimiento y la inflación, dependiendo de la evolución de la situación geopolítica y económica global.
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