La plaza se llenó de emoción y expectativa con la llegada de las primeras figuras del toreo en una jornada que, pese a los retrasos en el acceso, no defraudó a los aficionados. Fue una tarde de contrastes, donde la habilidad y el temple se llevaron el protagonismo. El público abarrotó los tendidos para presenciar el regreso de Alejandro Talavante, aunque su actuación dejó sentimientos encontrados. Con un primer toro que pareció desafiar su interés, Talavante logró redimirse parcialmente en su segunda oportunidad, ofreciendo chispazos de brillantez que levantaron al respetable de sus asientos. Sin embargo, una ejecución final con espada que se extendió más de lo esperado empañó su intento de reivindicar su arte en la arena albaceteña.
El clímax de la tarde llegó de la mano del peruano Roca Rey, cuya actuación fue un símbolo de la persistencia taurina. Tras una faena inicial que despertó aplausos pero acabó frustrada por el mal manejo de la espada, Rey se sobrepuso con su segundo toro del día. Con una ejecución marcada por la intensidad y un final que logró conectar emocionalmente con el público, el torero consiguió dos orejas, asegurando su salida por la puerta grande y el reconocimiento del público. El talento joven también brilló a través de Samuel Navalón, quien demostró tenacidad y pasión. Ganó una oreja en su primera aparición, aunque un fallo en el segundo intento le impidió culminar su tarde con más trofeos, aunque se despidió entre aplausos, honrado por su esfuerzo y entrega.
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