David Álvarez, uno de los mineros que sobrevivieron al trágico accidente en la mina de Cerredo, Asturias, ha compartido su testimonio cargado de emoción y nostalgia. Hace casi un año, una explosión de gas grisú cobró la vida de cinco compañeros y dejó a varios heridos, en lo que denomina como un escenario de «muy poca seguridad». Álvarez, en una reciente entrevista, revela su continuo tormento emocional, afirmando que las imágenes de sus compañeros fallecidos invaden sus pensamientos a diario. Aquel fatídico 31 de marzo, once trabajadores realizaban labores de extracción aun cuando la empresa, Blue Solving, no tenía permisos legales para operar, según se conoció posteriormente.
La seguridad en la mina era prácticamente inexistente: una ventilación deficiente, falta de equipos básicos y ausencia de comunicación con el exterior pintan un cuadro alarmante. Álvarez cuestiona cómo las inspecciones oficiales no detectaron las condiciones precarias de trabajo, un interrogante que resuena en medio de las investigaciones técnicas, judiciales y políticas en curso. Este incidente, el peor en la minería asturiana en treinta años, continúa empujando debates sobre las responsabilidades y futuras acciones a tomar para prevenir tragedias similares. Mientras tanto, David sigue enfrentándose a sus propios demonios, símbolo de un dolor que todavía clama por justicia.
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