Este domingo, un masivo ataque con drones y misiles atribuido a Ucrania dejó al menos siete muertos en las regiones de Moscú y el sur de Rusia, según confirmaron las autoridades locales. El gobernador de Rostov, Yuri Sliusar, reportó la muerte de cinco civiles en su región, afectada por bombardeos nocturnos que causaron graves daños a viviendas, infraestructuras y fábricas. En Moscú, un hombre de 83 años falleció cuando un dron impactó su hogar, mientras las defensas antiaéreas abatieron 187 aparatos que también resultaron en tres heridos. En Bélgorod, un autobús lleno de trabajadores fue alcanzado, dejando un muerto y nueve heridos, lo que llevó al gobernador Alexandr Shuváyev a acusar a Kiev de actos de terrorismo.
Estas incursiones no solo han dejado un rastro de pérdidas humanas y materiales, sino que también han afectado infraestructuras clave. En Podolsk, un incendio se desató en un almacén de la compañía Wildberries, el más grande de Rusia, aunque su personal fue evacuado a tiempo. Simultáneamente, en Domodédovo, una instalación de medicamentos sufrió otro incendio. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, señaló el derribo de aproximadamente 600 drones que se dirigían a la capital. En total, las defensas rusas afirmaron haber abatido 822 drones desde el sábado, en un contexto donde el recuento de víctimas civiles sigue aumentando. Las propuestas de tregua por parte del líder ucraniano, Volodímir Zelenski, han sido rechazadas por el Kremlin, perpetuando el ciclo de violencia que continúa sacudiendo la región.
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