Una semana después de la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, la Casa Blanca reporta avances en su colaboración con el gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez. A pesar de las tensiones, ambas naciones exploran acuerdos para reabrir sus embajadas, lo que Rodríguez describe como una táctica para denunciar la intervención militar estadounidense que culminó con la captura de Maduro. En este contexto, Delcy Rodríguez defiende una estrategia diplomática frente a lo que llama una «agresión de una potencia nuclear», subrayando el impacto sobre los ciudadanos venezolanos y resaltando la intención de su administración de mantener la paz y la soberanía del país.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reforzado controles sobre el petróleo venezolano al proteger los ingresos de crudo en cuentas del Tesoro de Estados Unidos, dificultando el acceso para saldar deudas. Este movimiento forma parte de una estrategia más amplia para manejar el control sobre los recursos energéticos venezolanos. Paralelamente, miles de seguidores de Maduro se congregaron en Caracas manifestándose en contra de la intervención militar y exigiendo la liberación del exmandatario. La situación refleja el tenso equilibrio entre diplomacia y presión estratégica, con ambos países navegando un complejo escenario internacional.
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