Una tragedia de gran magnitud azotó Nepal el miércoles pasado, cuando una crecida del río Bhotekoshi en el distrito montañoso de Rasuwa provocó devastadoras inundaciones. Las autoridades nepalíes han confirmado que el número de muertos asciende ya a casi 390 personas, mientras que otros cientos permanecen desaparecidos, entre ellos cuatro ciudadanos españoles. El distrito de Chitwan se ha convertido en el epicentro de las operaciones de rescate, donde la Policía ha recuperado 137 cuerpos hasta el momento. La situación ha movilizado a cerca de 13.300 agentes y 15 helicópteros, que trabajan incansablemente para encontrar a los 977 desaparecidos y brindar socorro a los afectados. La comunidad internacional, con especial atención en los turistas presentes en el área, ha sido instada a permanecer tranquila y seguir las instrucciones oficiales emitidas por las autoridades locales.
El primer ministro de Nepal, Balendra Shah, ha subrayado los esfuerzos del Gobierno para intensificar las labores de búsqueda y asistencia humanitaria. Según su declaración en redes sociales, el Ejército nepalí ha distribuido suministros básicos como alimentos, tiendas de campaña y medicamentos a las personas en máxima vulnerabilidad. Las operaciones de rescate han contado con helicópteros tanto del ejército como de propietarios privados, lo que refleja el esfuerzo conjunto para acelerar la asistencia. Las autoridades han señalado que el desastre se desencadenó por el colapso de un glaciar, descartando la posibilidad de un terremoto tras un análisis del Servicio Geológico de Estados Unidos. En paralelo, China ha reportado tres muertos y aproximadamente 560 desaparecidos en su territorio, mostrando la transnacionalidad de los efectos de la catástrofe.
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