El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta una tormenta política en Westminster tras la dimisión de figuras clave de su equipo. Tim Allan, director de Comunicación, y Morgan McSweeney, jefe de gabinete, han renunciado en medio de una crisis desencadenada por los controvertidos vínculos del exembajador Peter Mandelson con Jeffrey Epstein. Allan, que llevaba pocos meses en el cargo, busca permitir la renovación del equipo de Downing Street, mientras que McSweeney, criticado por su influencia, reconoció haber recomendado a Mandelson para el puesto diplomático. Este escándalo ha desatado intensas presiones sobre Starmer, con críticas desde su propio partido y desde la oposición.
Keir Starmer ha dejado claro que no tiene intención de dimitir a pesar del creciente descontento. En una reunión cerrada con parlamentarios laboristas, reafirmó su compromiso de liderar el país y no ceder ante el caos. Starmer evocó su historial de victorias, desde su tiempo en la Fiscalía hasta las recientes elecciones donde logró la mayoría absoluta. En un desafío a la oposición, instó a sus aliados a unirse contra el avance del partido Reform UK de Nigel Farage, calificando esta pugna como «la batalla de nuestro tiempo». Este evento ha agudizado la polarización política y puesto a prueba la resistencia de su liderazgo en un momento crítico.
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